domingo, 17 de octubre de 2010

Guacamayas

Luego de descansar un rato en los termales de Güicán, salimos a la carretera a esperar el bus. Se demoró mucho así que decidimos coger el primero que pasara. Resultó ser un bus lechero, pues paró en el Cocuy y allí estuvimos como media hora. Llegamos a Guacamayas ya entrada la nochecita, y nos estaban esperando Amanda y José cerca de la parada del bus. Caminamos un par de cuadras y llegamos a la casa, donde estaba esperándonos María Elena, con mucha curiosidad.
Fue una noche muy corta, la verdad. Solo conocimos la casa, organizamos el cuarto, nos tomamos un agua de panela y a dormir se dijo.
El plan del lunes en la mañana era ir con Amanda a la vereda de Lagunillas, a enseñarle una danza a los niños de una escuela, pero la vereda quedaba montaña arriba y mis rodillas aun estaban resentidas, así que nos quedamos en la casa toda la mañana lavando la ropa, y haciendo otras cosas mas relajadas.
Guacamayas es un pueblo muy pequeño y digamos que la percepción que tengo es que todo el mundo hace todo para subsistir, es decir, todo el mundo cultiva y come en su casa, prácticamente, pues nunca vi un mercado como tal. De hecho solo tocaba atravesar la puerta del patio de ropas para conseguir un par de mazorcas, o frutas, o lechugas.
Tampoco tiene mucho enfoque hacia el turismo. Solo hay dos lugares donde se puede entrar a internet, y a medio día cierran pues es la hora de almuerzo, pero si es muy urgente, se puede golpear en la puerta y le dejan pasar a usar el computador.

Maria Elena resultó ser la nana dicharachera, la que hace comida deliciosa y al tiempo cuenta
historias de su vida, del pueblo y de todo lo que se le cruza por la cabeza. Es todo un personaje, la verdad me reí mucho oyendo todo lo que tiene para decir y como lo cuenta. Ademas es madre adoptiva de cuatro gatos y un perro. El perro se llama Coco y es solo ternura. Los gatos se llaman Lulu (la mama), Felix y Beto (los nenes) y Mono.

La hora de la comida es un espectáculo digno de admirar, no es sino que ella haga su llamado y todos corren a sus pies en una algarabía impresionante. Pero no menos bonita es la hora del consentimiento, cuando vemos llegar a Maria Elena con uno de los gatitos debajo del brazo como si fuera un pan baguette, para luego sentarse y estirar al gato sobre sus piernas, espulgarlo y masajearlo con esos dedos que al lado del gato se ven gigantes, y luego darle la vuelta al gato como si fuera un trapito, y repetir el procedimiento, y para terminar el masaje estirar el gatito como si fuera masa de melcocha, para todos los lados.

Ese día por la tarde, salimos en el carro con Amanda y Jose, a visitar la escuela del Alisal, para que los niños y la profesora vieran el fruto de su trabajo, las primeras impresiones de una cartilla sobre las plantas medicinales y aromáticas silvestres de la región, que ellos mismos redactaron y dibujaron. Todos muy emocionados de ver la cartilla, y también de ver las fotos de la salida de campo.

Al principio estaban un poco tímidos, pero cuando Michi comenzó a tomarles fotos y fue como si les hubieran dado una tonelada de azúcar, se pusieron hiperactivos, solo se reían, y saltaban y gritaban.

Luego de la visita a la escuela, pasamos a la casa de la profesora Nubia, quien está llevando a cabo el proyecto con plantas aromáticas silvestres de la región. Estuvimos un rato chismoseando el proceso en el tallercito de secado y empacado de las plantas, y luego nos invitaron tomar chocolate, con mestiza, que es una mogolla tradicional de la zona, muy rica, y carne! Casi me desmayo cuando pasé al comedor y vi que a todos nos habían servido carne. Pensé, bueeeeno, será. Pero afortunadamente Amanda es de confianza con la señora y le dijo que yo era vegetariana y no tuve que hacer el sacrificio.
De allí salimos, un poco más arriba a la vereda el Alto, donde vive una señora que se llama Margarita. La casa donde vive solía ser de la familia de Amanda, y fuimos a llevarle un encargo o algo así. Solamente con un día de estar en Guacamayas me di cuenta de dos cosas importantes de la cultura de la región. La primera es que la gente es muy MUY amable, y la segunda es que la actividad mas común es sentarse en la cocina a echar rulo. Margarita nos recibió también con un tintico, y más mestizas, y además nos encimó una cuajada gigante.
La cocina de esta casa era super tradicional. Oscuuura, con estufa de leña, las paredes todas tiznadas por el humo de quien sabe cuantos años, y del techo colgados todos los utensilios.
Apenas llegamos, el gato de la casa se me subió en las piernas y no hubo modo de bajarlo ni de que parara de ronronear en el rato que estuvimos oyendo a Margarita hablar de todos los acontecimientos de los últimos tiempos. Al final nos despedimos, y me pareció muy lindo que la señora me dijera que le había dado mucho gusto conocernos (a Michi y a mí) y que esperaba que "no se nos olvidara el camino".

Como ultima actividad del día, pasamos donde la señora Emilia, vecina de Amanda, una señora de edad, artesana y un poco humilde. Le llevamos algunas cosas que había separado Amanda de todas las donaciones que venían de Bogotá.

Al día siguiente, teníamos el compromiso de ir a la escuela de Ritanga a dar el primer taller de papel reciclado con los niños. Tenía un poco de nervios, pues hace rato que no trabajaba con niños, y menos dirigiendo una actividad. Pensé que iba a ser más complicado de lo que fue en realidad.

Nos encontramos muy temprano con la profesora Ofeni. Su esposo nos llevo hasta la entrada del camino para subir a la escuela. Caminamos cerca de 15 minutos, montaña arriba para llegar a la Escuela. Los niños fueron llegando poco a poco. Estas escuelas tienen la particularidad de tener una sola profesora, y un solo salón en el que se dictan las clases de preescolar hasta quinto de primaria. En esta escuela solo había 12 niños, repartidos en los diferentes niveles.
Fue muy bonito enseñarles a los niños a hacer papel, estaban muy interesados en el tema, y todos querían participar. Cuando llegó el recreo ya teníamos una muy buena relación, habían dejado la timidez a un lado. Nos tomamos un chocolate delicioso, con unas arepas que ni les cuento. Y luego fuimos a jugar basket como por media hora. Obviamente ganó el equipo de Michi (niños) porque cualquiera que mida mas de 1.80mt encesta facilísimo (GRRR).


Durante el almuerzo, nos sentamos con los niños a comer, y nos estuvieron cantando coplas y jugando adivinanzas.
Por la tarde les enseñamos a hacer papel maché, pero ya la atención estaba un poco dispersa, sobre todo en los chiquitos de preescolar, que eran 4, y obviamente me toco hacerles todo el trabajo, entonces se volvió una locura porque todos necesitaban ayuda al mismo tiempo. Pero en general todos los niños super pilos, super tiernos, y super atentos.

Cuando terminó la jornada escolar, nos devolvimos a pie con la profesora, por un camino antiguo que conecta la escuela con el pueblo. Ese camino es de lo mas bonito que vi en los días que estuvimos en Guacas. Tenia la energía que tienen los lugares viejos, como que siente uno que por ahi pasó gente en épocas muy remotas, y ademas tenia una vista impresionante de las montañas, y todo el camino adornado de flores y mariposas.

Cuando llegamos a la casa, conocimos a otra de las vecinas. Vicenta. Esta señora es otro personaje. Es la que cocina rico. La que cocina para los eventos del pueblo. Y también es la que mejor chismosea. Tiene una forma de contar las cosas, que ameniza cualquier conversación. Estuvo un buen rato haciendo unas zarapas (o sarapas?) en el fogón de leña, en la parte de atrás de la casa. Yo no cabía de la dicha de ver el tamaño de estas arepas, y además de la emoción de comerme este manjar en su lugar de origen.
Todos los días en Guacamayas nos íbamos a dormir a las 8 de la noche. Primero porque después de que oscurecía no había mucha luz alrededor, y todo el mundo se acostaba casi que con las gallinas. Y segundo porque, aunque no lo crean, los niños me sacaban toda la energía.

Al día siguiente, Miércoles, fuimos de nuevo al Alisal, pero esta vez, solo fuimos Michi y yo, a dar el taller de Origami. Los niños aquí también estaban super receptivos, además que ya nos conocían. Aunque otra vez estaban como tímidos. Esta es una de las escuelas con mas estudiantes, tiene 16 niños entre preescolar y quinto de primaria.
El taller estuvo super lindo. Aprendieron muchas figuras, yo aprendí nuevas formas de hacer el avión, y nos reímos un montón. Lo más entretenido de la jornada, fue jugar cielo e infierno, y sobre todo con Michi. Todos querían jugar con él, pues su cielo e infierno tenía secretos que para esa edad son prácticamente un tabú, y la reacción de los niños cada vez que el les leía el resultado de su elección, era gritar y reírse a carcajadas... Tú tienes dos novias! Tu tienes chichí! Tu tienes popó!.... Fue muy divertido.
A la hora del almuerzo todos querían sentarse con nosotros. Y estuvimos discutiendo temas importantes como "Que es más lejos, Austria o Santa María, el pueblo donde vive la mamá de una de las niñas". Luego hubo partido de fútbol, y mientras observaba el partido me dejé asesorar por Luisa, quien me decía que si no quería peinarme, como la profesora Nubia, que se veía tan elegante con su pelo cogido.

Todas las noches la hora de la comida era también la hora del cuento. Unas noches se hablaba de comida, otras noches se hablaba de animales, otras noches de brujas y maleficios, y de historias del pueblo. También escuche muchas historias sobre las épocas de la violencia, y en parte comprendí por qué Boyacá fue una de las regiones que más apoyó a Santos.

Pero lo más divertido era escuchar las historias de las brujas y el diablo. Creo nunca había estado en un lugar tan apartado, y pues es muy interesante escuchar todas estas creencias que tienen sobre el lado oscuro. Para este momento ya había llegado a la casa Tuli, la otra nana, que no era la nana dicharachera, sino la nana consentidora. Nos trataba como si fuéramos niños. Nos cuidó muchísimo. Y a la hora del cuento, no hacia nada mas que echarse la bendición cada vez que hablaban del diablo o de las brujas.
La verdad hablaba con tanta convicción cuando contaba que había visto brujas, que pasé una noche sin poder dormir de imaginarme la bruja con cuerpo de chulo y cara de gato, que producía sonidos escalofriantes, mientras rompía el techo de paja de la cocina del cuento. Pero lo más divertido de la historia, es que hace alusión a la costumbre de echar chisme en la cocina, porque dicen que las brujas se paran es sobre los techos de las cocinas para nutrirse de todo el chisme y así poder hacerle daño a sus enemigos.

El jueves, fuimos a otra escuela, Güiragón, a hacer el taller de papel reciclado, y con Michi habíamos pensado que era una buena idea dividir al grupo para concentrar la atención en las actividades. Pero tuvimos el resultado contrario, pues la actividad del papel reciclado era muy lenta, y todos se venían a ver origami mientras Michi hacía el papel solo.
No se si era cansancio nuestro, o indisposición de los niños, pero no lograba que tuvieran dos minutos de foco en la actividad. Y si a mi no me iba bien, a Michi le iba mucho peor. Tuve que recurrir a las técnicas de respiración. No solo para mí, sino para los niños, porque por un lado, hubo momentos en que quería ahorcarlos, como Homero hace con Bart a veces, y por otro lado pensé que haciéndolos respirar un poco lograba que se concentraran un poco. Y si, fue efectivo. Porque no maté a ninguno, y luego de hacerlos respirar se concentraron como 5 minutos.

Aquí también hubo partido de fútbol, con la mala suerte de que había llovido y la cancha estaba llena de lama, lo que resultó en que Michi se cayera y se raspara la cara.
No estuve presente para ver la caída, porque estaba recordando como jugar a la golosa, y descubriendo que las niñas de ahora le han puesto al juego un montón de arandelitas para hacerlos más largo. Creo que jugamos como 1 hora.

De vuelta descansamos. Ya quedaban dos días para que Michi tuviera que viajar a Venezuela a encontrar a sus hermanos. Así que el viernes decidimos salir a caminar temprano en la mañana con Amanda y Jose, hacia el Chiveche, que parecer ser una de las veredas más bonitas y tradicionales de Guacamayas, pero también una de las más lejanas (y llena de brujas). De hecho no me alcanzo el tiempo para llegar hasta allí. El plan era caminar montaña arriba hasta un lugar que se llama el volador, que es desde donde se supone que vuelan las brujas por la noche. Un rato antes de llegar, Amanda y Jose se devolvieron pues ya estaban cansados y tenían cosas que hacer. Pero nosotros subimos hasta el volador, y luego empezamos a buscar camino por la montaña para bajar y ver si podíamos llegar a la escuela de Ritanga. Caminamos un buen rato, pudimos ver el nevado desde un nuevo ángulo, nos persiguió un ovejo, y llegamos finalmente a la escuela. Estaba cerrada pero nos encontramos con algunos de los niños.

Luego fuimos al pueblo de nuevo por el camino viejo, y nos pusimos a averiguar como era lo del viaje de Michi hasta Cúcuta. Parecía que habían cerrado el camino por las lluvias, y al final tuvimos que tomar la decisión de viaje para el mismo viernes. Y fue una suerte, pues Michi viajó en la noche, y el sábado en la mañana, Guacamayas quedó incomunicado con el resto del mundo por tres días.

En los días que faltaban para volver a Bogotá, visité el ancianato, las tiendas de artesanía, el mercado del sábado en la plaza, fui al Espino a conocer la casa de Tuli, caminé mucho con Amanda, y aprendí a tejer en el telar de arco.

Tambien en esos días hice buenas migas con las nietas de la vecina Emilia, pues les regalamos un par de chaquetas muy bonitas que nos donaron aquí en Bogotá. Y cómo me di cuenta? Porque pasado un rato de la entrega, vinieron a la casa a preguntar por "la niña churquita", y como yo estaba en la cocina, no me hicieron salir, sino que me hicieron llegar un paquete, que venía calientito, con una mazorca asada y un par de envueltos.


Casi el último día, fuimos a otra escuela con Amanda y Jose, a celebrar el día de la mazorca. Esta escuela también había hecho el trabajo de una cartilla, pero esta vez con recetas tradicionales de maíz. Para comenzar la práctica, la noche anterior habíamos desgranado entre Tuli, Maria Elena, Jose y yo, no se cuantas mazorcas en tres horas. Obviamente todo esto acompañado de muchas historias y risas. Entonces para no perder la costumbre, lo primero que hicimos al llegar fue sentarnos a desgranar mas maíz.
Traté de acercarme a los niños, pero cada vez que iba por esos lados se quedaban callados. Entonces poco a poco me fui ganando su confianza. Pero mientras tanto ayude también a moler el maíz y la cuajada, y documenté los pasos para hacer los envueltos. Y también fui a caminar por ahí cerca, a tomar fotos de las mariposas, de los pájaros, y de las casas antiguas.

Ya cuando cogimos confianza, jugamos a los ladrones, y mas tarde me llevaron a la cancha de basket, y volví a mi infancia jugando al gato y al ratón, y una cantidad de juegos y rondas que me enseñaron los niños.




Fue una experiencia increíble conocer Guacamayas. Es un pueblo muy lindo, con mucho potencial turístico, pero poco conocido, con muchos lugares para conocer, mucha gente linda y amable, muchos niños hermosos. Sobre todo en esa época, con mucho maíz, con una tradición gastronómica muy rica. Me perdí el festival de la mazorca por menos de una semana, pero nunca comí tanto maíz en formas tan diferentes como en esos diez días.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cocuy y Guacamayas: pedacitos del cielo.


Como lo prometido es deuda, aqui van las foticos del viaje. En el proximo capitulo les contare la aventura de Guacamayas.
Disfruten el paisaje!

























lunes, 16 de agosto de 2010

Un pedacito de cielo en la tierra



Justo como se lo pedí al universo, me llego la oportunidad de empezar a caminar por mi país.
Primero estuve en la Atlántida en Cajibio, aprendiendo muchas cosas y compartiendo con otras mujeres los saberes ancestrales y los nuevos conocimientos también.
Estuve en Bogota un par de semanas adelantando tareas y acepte la invitación de Amanda de ir a conocer Guacamayas (estaba cerca el festival de la mazorca) e investigar un poco para el proyecto que queremos iniciar juntas. Aprovechando la oportunidad, me fui unos días antes para visitar el Parque Nacional Natural El Cocuy. Al principio todo parecía estar en contra. Me salían tareas y tareas y tareas (y tareas) y parecía que no iba a alcanzar a terminar antes de irme. Ademas en el Cocuy y sus alrededores el invierno estaba muy fuerte y todo indicaba que el parque iba a estar cerrado, o al menos nadie me recomendaba visitarlo en esta época del año. Por otro lado llame muchas veces a las empresas de buses para averiguar una ruta que me dejara en el Cocuy temprano en la tarde y ningun bus parecía llegar antes de las 6 de la tarde.


Pero bueno, finalmente acabe las tareas, y me fui con Michael (se dice Mijael), un amigo de Cuchsurfing que se estaba quedando en mi casa en ese momento. Por hacer mas, hicimos menos. Nos fuimos para el terminal a las 2.30am, para tomar el bus de las 3 hasta Duitama, a donde llegamos 4 horas mas tarde. El frío era impresionante. Eran las 7 de la mañana y lo único que quería era tomarme algo caliente. Así que desayunamos en una cafetería mientras esperábamos que llegara el bus que nos llevaría al Espino. En Duitama nos dijeron que para ir al Cocuy teníamos que esperar el bus que venia de Bogota, pero yo me resistía a creer que no se pudiera llegar de pueblo en pueblo mas temprano. Tomamos el bus al Espino a las 8.30, y la verdad me dormí la mitad del camino. Abrí los ojos en una parte, y toda ilusa pensé que ya estaba cerca del Cocuy, pues pasamos por un páramo muy bonito del que no me acuerdo el nombre ahora.


Luego me quede dormida y cuando abri los ojos nuevamente estábamos yendo por una carretera hacia abajo del canón del rio Chicamocha. El bus tomo la ruta de Capitanejo, y lo único que se veía era el suelo árido, lleno de cactus y polvo. El calor era absurdo, y no se podía abrir la ventana pues el bus levantaba toda la tierra seca pasando por esa carretera que no estaba en muy buen estado (varias veces tuvimos que pasar por entre las quebradas que cruzaban la carretera). Al final, el calor estaba tan insoportable que decidí abrir la ventana y comerme todo el polvo hasta que llegáramos a un lugar mas fresco. Llegamos al Espino a las 3.30 de la tarde, y mi pelo había pasado de ser crespo, suave y castaño, a mono, tieso y asqueroso. Preguntamos como hacer para llegar al Cocuy y la respuesta fue: tienen que esperar a que llegue el bus que viene de Bogota. Así que decidimos tomar un expreso, que es un jeep que lo lleva a uno por un precio mas alto pero cuando uno necesita. Llegamos al Cocuy media hora mas tarde y nos fuimos directo a la oficina de Parques, nos registramos y pedimos información sobre las rutas disponibles para los caminantes y también sobre los medios de transporte para llegar a la Sierra.


Luego buscamos un hotel (la verdad no buscamos tanto, nos metimos en el primero que se ve en la Plaza principal), y fuimos a hacer un mercadito para subir al parque y cocinar allá.
El Cocuy es un pueblo muy tranquilo, parece que asi es toda la región, tan tranquilo que no conseguíamos donde almorzar a las 4.30 de la tarde. Tocaba esperar a las 6.30, que es la hora en que los diez turistas que estábamos en el pueblo podíamos decidir en cual de los 3 restaurantes disponibles comer. Estuvo lloviznando y no pude tomar ninguna foto del pueblo, pero es muy bonito pues todas las casas están pintadas de blanco y verde, y casi todas las casas tienen balconcito, es muy tradicional. Ademas con respecto a lo de tranquilo, pues las personas solo se sientan ahí al lado de las cafeterías alrededor de la plaza, con sus ruanitas, a ver como pasa el tiempo y ver llover.
Y luego nos fuimos a dormir bien tempranito porque había que madrugar para poder coger el lechero, que es el camión que recoge la leche por las veredas, y lo lleva a uno hasta un punto cercano al parque desde donde hay que caminar dos horas y media para llegar al refugio.

El Cocuy desde la montana

Llovió toda la noche, y teníamos muchas dudas sobre ir o no al parque pues el clima no parecía colaborar para la caminata. Pero al final pensamos que mas valía hacer el intento y si llovía mucho pues nos quedábamos en el refugio a ver llover. Asi que empacamos a toda velocidad y nos fuimos a esperar el camión a las 6 de la manana.
El paseo en el camión estuvo super bonito. Nos demoramos cerca de una hora en llegar al Alto de la cueva, e íbamos en el camión con otros dos extranjeros, el senor que recogía la leche y varias personas del pueblo. La vista era increíble, el sol salio y todo se veía muy verde y fresco.


El frío también estaba muy duro, iba pensando que me había ido muy mal equipada, pues aunque iba con doble saco, bufanda, buff, guantes y doble camiseta, iba perdiendo mis dedos y mi nariz. Pero todo cambió una vez nos bajamos del lechero y comenzamos a caminar. El sol ya estaba arriba, y con toda la lluvia de la noche anterior, también había nevado en lo alto de la sierra, así que con el cielo despejado pudimos ver las montanas todas nevadas.


Caminar por esas montanas es algo de verdad muy bonito y profundo. El silencio y la tranquilidad que se sienten allí son incomparables con cualquier cosa. Durante el camino estuvimos tomando fotos, y viendo todo con mucho asombro y felicidad. No podía nada mas que agradecerle al universo la posibilidad de estar ahí, y de ver tanta agua en el mismo sitio.

Llegamos al refugio, y estuvimos muy de buenas porque aunque era temporada baja, solo quedaba un cuarto disponible. Justo ese día venia un grupo como de 14 personas y por poco nos quedamos sin donde dormir.


El sol nos honro con su presencia el resto de la tarde. Pudimos ver la punta del Pan de azúcar, estaba muy despejado. Preparamos unos sanduches de vegetales y nos fuimos a caminar para verlo mas de cerca.

Almorzamos por el camino, en medio de un valle de frailejones, y seguimos caminando, hasta que llegamos al punto desde donde se veía el Pan de Azúcar y las lagunillas. Como siempre, no supe calcular hasta donde podían esforzarse mis rodillas, y luego de una subida de mas o menos dos horas y media, la bajada estuvo un poco pesada y empece a sentir dolor cada vez que daba un paso. De todas formas bajamos sin problema, y nos fuimos al refugio a preparar algo de comer, practicar para las clases de Origami que daría en Guacamayas, y a organizar el cuarto para no sentir frío en la noche.


El plan para el día siguiente era hacer todo el recorrido hasta la laguna de la Plaza. En la oficina de parques nos habían dicho que eran mas o menos 8 horas ida y vuelta. Pero el guía que estaba en el refugio nos dijo que no era posible hacerlo en un día.
Ademas el día amaneció lluvioso y no dejo de llover en todo el día... Para colmo, con los afanes de salir de Bogota, y con esta indecisión que a veces me caracteriza, termine olvidando la chaqueta impermeable. Suerte para mi, que había traído conmigo la bolsa plástica con gorrito que me regalo mi mama -a lo cual llama ella impermeable (ver imagen)-. Era chistoso vernos, pues Michi tenia un muy buen equipo, no solo un sleeping bag super caliente, y botas para caminar, sino una chaqueta de esas que tienen selladas las costuras, que no se les pasa ni una gota de agua, y hasta tienen ventilación en las axilas, y yo, con los saquitos de fleece que me regalo mi mama, y toda empacada en esa bolsa plástica, con los brazos al aire y al agua, y en tennis de bailarina.


Pero bueno, vale decir que la bolsa plástica me protegió del frío y del agua. Incluso mas que a otras personas que tenían impermeables como el que yo deje en Bogota.
El caso es que decidimos no ir hasta la laguna, sino ver como progresaba el clima y caminar hasta donde pudiéramos y a nuestro propio ritmo.
Hicimos el circuito de las lagunas, la pintada, la cuadrada, la atravesada y la parada, y entre todas esas una cantidad de pozos, quebradas y lagunillas cristalinas. Decidimos caminar hasta el alto de Cusiri que esta a 4410 m.s.n.m, cada vez hacia mas frío, y cada vez había mas agua, ya no había caminos secos y tocaba caminar prácticamente con los pies entre el agua que bajaba. De todos modos el frío solo se sentía cuando hacíamos alguna parada. Mientras mas nos acercábamos, mas se llenaba de hielo el paisaje, y era super bonito ver como crecen plantas y flores de color rojo intenso entre todo ese hielo. Llegamos arriba y el frío solo nos permitió estar menos de un minuto, pues justo en el alto, que es como su nombre lo indica, el punto mas alto de esa primera montana, pasa un viento fuertisimo y helado, acompañado de lluvia muy fría. Hacia el otro lado de la montana no se veía nada, solo nubes y niebla, así que dimos media vuelta y comenzamos el descenso.


A medida que nos acercábamos al refugio, el clima fue mejorando hasta que dejo de llover.
Llegamos al refugio nuevamente, almorzamos, al rato cenamos, y nos fuimos a dormir, pues nos tocaba salir a las 4.30 de la manana para alcanzar a coger el lechero (no había otra forma de volver al pueblo).


Agradeciendo al cielo nuevamente, pues estuvo despejado esa noche, y no llovió en la madrugada. Nos levantamos muy temprano y terminamos saliendo del refugio faltando un cuarto para las cinco de la manana. Estaba muy contenta pues era mi primera caminata nocturna en un lugar tan apartado de la civilización. El cielo estaba muy despejado, asi que pudimos caminar gran parte sin linterna. Y pues obviamente fue muy pero muy lindo, caminar asi en el silencio, por la noche, con el cielo despejado, y escuchar los pajaritos despertarse, y luego ver como las nubes empezaban a emerger de la base de las montanas, como algodón de azúcar, todas despelucadas.

Pero no todo fue pajaritos, nubes y aire puro. Con el peso de la mochila, y mis rodillas resentidas, llego un momento en que no podía dar el paso sin quejarme. Empece a caminar muy despacio, y el tiempo empezó a hacerse corto para llegar a coger el lechero. Michi trataba de esperarme, pero también estaba pensando en un plan para no perder el camión, pues era nuestra única oportunidad de salir de las veredas. Yo intentaba mitigar el dolor caminando de espaldas en las bajadas que era cuando mas me dolía, y trataba de aplicar todas mis técnicas de respiración sin conseguir resultados positivos. Michi me decía cada rato que le pasara algo de peso, y yo insistía que no (que cosa con este orgullo), hasta que finalmente, me quito la mochila, me dio el celular y una bolsa de agua y se adelanto hasta el punto de recogida para hacer que el camión me esperara. Me sentía como una niña pequeña. Obviamente sin el peso de la maleta podía caminar mejor, pero el dolor era realmente intenso y no podia caminar muy rapido. Creo que sentía mucha rabia de no ser capaz y de que las rodillas no hicieran bien su trabajo, y ademas sentía mucha vergüenza al ver a Michi con no se cuantos kilos de peso encima por mi culpa. Me puse a llorar como si tuviera 6 años, viendo como me quedaba sola y sin importar los esfuerzos que hiciera no podía correr ni alcanzar a mi amigo.


Bueno, finalmente despues de media hora de pataleta y caminar como un robot sin doblar las rodillas, llegue donde Michi y caminamos hasta una casita a esperar el camión.

Primero paso el camión que iba para el Cocuy, pero habíamos decidido que nos íbamos para Güican, pues nos habían dicho que allá había unos termales muy bonitos. Al rato paso el segundo camión, y creo que no nos esperábamos un paseo tan largo. Llegamos a Güican cuatro horas después de abordar el vehículo. Por fin entendí la expresión "cogimos el lechero" que usaba mi mama cuando los buses iban muy despacio (también en el parque aprendí que "agua al clima" no necesariamente es agua tibia, puede ser helada).
Creo que es uno de los paseos mas interesantes que he hecho. debimos haber recorrido todos los pliegues de esas montanas. El camión paraba cada nada, a recoger los recipientes (cantinas de aluminio, envases reutilizados de aceite para automóvil, baldes, etc), y el encargado vaciaba la leche, primero en unas cantinas y luego en un contenedor plástico gigante con capacidad de mil litros.


Lo interesante de recorrer las veredas con el camión, es ver que ademas de recoger la leche, el lechero es un medio de comunicación, y es muy representativo de la cultura y la forma de vida de estos pueblos. El encargado de transvasar el liquido, ni siquiera lleva las cuentas en una libreta. Tiene todo muy claro en su cabeza. Y es que no solo son las cuentas de la leche, sino todos los mandados que hace el lechero durante el recorrido. En cada parada se saludan las personas, unos suben y otros bajan, suben la papa, bajan los costales, suben el abono, bajan la madera, algunos envían dinero para sus familiares en otras veredas, o hacer solicitudes para recibir al otro día desde un medicamento, hasta un bom bom bum. Hasta se actualizan de chismes, no solo en el camión sino en las paradas. De hecho, el camión toma algunos caminos, que recorre durante aproximadamente 20 o 30 minutos, y cuando llega al final del camino se devuelve nuevamente a tomar la ruta principal, y la gente se baja a la entrada, visita a los parientes y se sube de vuelta al regreso del camión. Este paseo es una forma de inmersión en la cultura local, se recibe mucha información, y la verdad lo recomiendo para las personas que tengan tiempo y ganas de ver un lindo paisaje y vivir una experiencia diferente.

Llegamos a Güican, el sol estaba calentando mucho, y pedimos indicaciones para ir a los termales. Como para variar, nos dijeron que eso llegábamos en 20 minutos, y tocaba coger un camino empedrado que iba hacia abajo, bien empinado... Una hora después seguíamos bajando, y Michi tuvo que volver a cargar mi maleta pues yo no podía del dolor. Finalmente, una hora y 20 minutos luego, estabamos en los termales, que al fin de cuenta no estaban ni tan bonitos (un poco mal tenidos y atendidos). Nos quedamos un rato, y fuimos a tomar el bus para llegar a nuestro destino final: Guacamayas.

Fotos en la próxima publicación :)

jueves, 8 de julio de 2010

Reencontrando a la mujer


Decidi finalmente lanzarme al agua. Y para darme fuercitas comencé con el viaje a Cajibio. Una vez más, como el año pasado, me fui a reencontrarme con mi mujer interior. Fue difícil la elección pues también quería hacer un curso con la fundación, y tenía ganas de hacer el curso de Vipassana para experimentar el silencio profundo de la mente. Pero pedí el cupo en el curso demasiado tarde y ya no había. Así que me toco esperar otros seis meses para experimentar el silencio. De todos modos, el tema del encuentro de mujeres esta vez fue determinante para tomar la decisión, pues había decidido que este año iba a decirle que si a todo lo que significara tierra para mí. Que mejor que comenzar con algunos talleres relacionados con agricultura urbana y permitiéndome el lujo de estar lejos de la civilización por unos cuantos días? Claro que hacer esto tenía su precio, pues no podía desprenderme de mis obligaciones laborales que últimamente no son tan claras. Decidi viajar con anticipación a Cali y ver si podía hacer algo por las ventas de la empresa, y a ver si por ahí derechito me ayudaba a ganar algo más de dinero.
En Cali me quede en casa de Felipe, el chico que conocí en el taller de lujo sustentable en Auroville, y que coincidencialmente está vinculado a Couchsurfing también. Era mi tercera experiencia surfeando sofá, y pues fue una buena experiencia. Felipe es un niño muy especial, y vale la pena quedarse en su casa varios días para descubrirlo mejor. Pasé todos los días caminando por la zona industrial de Cali buscando clientes para mis maquinas (y derritiéndome), y en las tardes- noches me encontraba con Felipe para hacer diferentes actividades, desde yoga, caminar por ahí, cocinar, y hasta bailar.


El dia que comenzaba el encuentro, me encontré con las demás mujeres que viajaban desde Cali para tomar el bus. Esta vez fue super especial porque invite a AnaMaria del circulo de mujeres de Bogota, y pues era importante para nuestro camino femenino asistir a este evento. Nos fuimos adelantando cuaderno todo el camino, y poco a poco fui descubriendo una Ana Maria que no había tenido muy clara en estos casi 15 años de amistad. Me sorprendió mucho encontrar que nos parecemos un montón. Y parece además que nuestra búsqueda va por caminos muy paralelos. Asi que los días del encuentro fueron una experiencia nueva pero muy bonita con ella. En todos estos anos de amistad nunca habiamos pasado mas que un par de horas juntas dentro de su casa o dentro de la mia, y la verdad que compartir estos 5 dias con ella fue muy divertido. Compartimos pensamientos bonitos, ideas, dudas y muchas risas de esas que hacen doler la pancita, y hasta volvimos a Bogota con acento caleno.


Nos acomodaron en una cabana con cama doble, a las dos solitas, asi que pudimos tener el cuarto tan desordenado como era posible (jeje). Lo unico es que el frio estuvo duro, y olvide alquilar cobijas la primera noche, y como mi sleeping bag es una mentira, no pude dormir bien. Pero la siguiente noche pude alquilar 3 cobijas y recupere el sueno perdido.


La energía del evento estuvo muy Tierra, no fue nada parecido al ano pasado, donde la energía estaba super revuelta y como muy agitada. El grupo estaba muy diverso, había mujeres de todas las edades, y esta vez había varias abuelitas. En las mananas el despertar energetico no tuvo tanta acogida como el ano pasado, que saliamos las 50 a las 6 de la manana al son del tamborcito despertador. Las opciones eran yoga- tai chi y variaciones sobre el mismo tema, o ayudar en la cocina a preparar el desayuno. Esta vez me senti mas inclinada por colaborar con los quehaceres mananeros de la cocina que por hacer ejercicio. Fue rico ayudar a picar las frutas, a hacer las arepas y ayudar a servir.


Las actividades estuvieron muy variadas, feria de trueque, danzas sagradas, cantos, circulos de palabra, permacultura, reciclaje, consumo responsable, asuntos femeninos, elaboracion de altares y cocina saludable. Lo que mas me lleno fue el taller de agricultura urbana, definitivamente valio la pena esperar para comenzar mi jardin, pues esto me aclaro muchas dudas que tenia, y me dejo ver que empezar era mas facil de lo que pensaba.


Por primera vez estuve en una tipi, y fue muy bonito. Estuvimos la segunda noche cantando como 3 horas, y despues en una charla sobre temas interesantes alusivos a cosas de las mujeres.
Conoci muchas mujeres hermosas, no se por que en estos lugares siempre se encuentra gente tan llena de amor. Bueno mejor dicho, si se por que.

Luego del encuentro tuve varios días para organizar un poco mis ideas, y de hecho con las cosas aprendidas en el taller de agricultura urbana decidí poner en marcha los proyectos de huerta casera que rondaban mi cabeza hace varios meses desde que estuve en India. Compre la caneca para compostar los residuos organicos, compre varias maticas nuevas para mi jardín, tierra, abono, y empece a coleccionar cascaras de huevo para empezar los semilleros con las semillas atlantes.


Al principio fue un poco difícil pues me toco cambiar todo el sistema de reciclaje que teníamos establecido en la casa. Ahora tocaba separar mas específicamente los residuos, y preciso tuve que salir el dia que vino la señora que nos ayuda en la casa. Le deje razón con mi madre, y no se si las indicaciones se dieron o se recibieron mal… el caso es que Margarita hizo todo al revés. Bueno, sin embargo segui en mi proyecto y reorganice luego todos los residuos como correspondía.
El dia señalado para jardinear, me puse manos a la obra y transpalnte todas las hierbas aromaticas, le puse abono a todas mis maticas y comencé mi semillero. Me dio unas cuantas hijitas de caléndula, pero en este momento no se cual es el destino de mis pequeñas plántulas pues me encuentro fuera de Bogota y deje a mis primeras hijas en manos de mi mama, quien no hace sino decirme que no le ve futuro a mi pequeña huerta.
Lo importante es que el proceso ha sido muy lindo y ya tengo mis primeras plantas de romero, ruda, albahaca, menta, yerbabuena, limonaria y artemisa, y parece que se ponen mas fuertes cada dia. Ademas ahora tenemos un maravilloso perfume a la entrada de la casa con la combinación de todos los olores de las plantas.
Espero próximamente seguir viendo mis caléndulas crecer y próximamente cilantro y perejil, lechugas, espinacas, tomates, habchuelas y hasta de pronto flores. Y quien quita, de pronto en estos días ya podre presentarles a las nuevas integrantes de mi fabrica de compost casero: las chicas californianas.

domingo, 20 de junio de 2010

Cada vez me demoro mas

No quiero perder la costumbre de escribir... pero cada vez tengo mas cosas que me distraen de esta sana costumbre. Por ello decidi no recibir mas gente en mi casa al menos por un tiempo. He tenido experiencias increibles con los visitantes de Couchsurfing, pero esto me ha distraido un poco de mis objetivos principales... de hecho me he sentido con esas antiguas angustias de no saber hacia donde voy, o si me estoy dejando llevar por la corriente. Pero bueno, lo mejor ante un ataque de panico de este calibre es mirarme al espejo con los ojos llenos de lagrimas y sonreir, y darme cuenta que todo eso es superficial. Y tambien apretarme las orejas y darme un jalon, y mirar que tengo todas las opciones abiertas... por que me da miedo tirarme al agua y nadar?
Ya se lo que quiero, aunque a veces se me confunde la nota mental. Se me esconde tras las ganas de convencer al mundo de que Mockus era nuestra oportunidad historica para cambiar al pais, o de pronto debajo de mis planes absurdos de volver a viajar pronto cuando no tengo ni un centavo en el banco... no se.
Despues de esa imagen que tuve en el espejo, he tomado la firme determinacion de cerrar este ciclo... no puedo seguir dandole vueltas a lo mismo. Definitivamente tengo que hacer lo que la mayoria de colombianos (al parecer) no quisieron hacer en estas elecciones: Confiar! Botarme sin paracaidas hacia una opcion nueva sabiendo que todo va a estar bien, y que de este cambio solo floreceran cosas positivas.
Voy rumbo a Cajibio a reencontrar a la mujer de nuevo, a recargarme de energia femenina. Ya les contare.

viernes, 4 de junio de 2010

Inevitablemente involucrada.

No se como empezar... no esperé nunca llegar a hablar de política en este lugar, pero me impresiona ver el impacto que este periodo de elecciones ha tenido sobre mis emociones, actos y pensamientos! Aun quedan 15 días para la segunda vuelta, y estoy tratando de que este tema político deje de correr por mis venas, y apoyar pero sin involucrar mis emociones y con cabeza fría. De lo contrario voy a terminar elminando de Facebook y Messenger a varios de mis contactos más allegados.
Lo más loco de estas dos últimas semanas, fue descubrirme la faceta de activista política, lo cual se sintió más como ser fanática del Once Caldas después de que ganó la Copa Libertadores. Creo que ahora entiendo más a los fanáticos del fútbol. Nunca en mi vida me gustó la política, y desde que volví a Bogotá me producía hasta ternura ver a mi papá metido en Facebook todo el día posteando en los muros del partido verde, Antanas mockus y todo lo relacionado con la Ola verde. Poco a poco me fui involucrando hasta que termine participando activamente, y las dos últimas semanas se convirtieron en un viacrucis, al ver a todos mis amigos sentirse inseguros de votar por Mockus, y yo pensaba varias cosas: primero, por qué me siento triste, impotente y desanimada al ver lo que está sucediendo; segundo, por qué sigo de pie defendiendo al partido verde y, por último, por qué estoy metida de cabeza en este asunto político? Por qué escucho a Antanas y me siento inspirada por su discurso aunque la embarre en los debates? y por qué en vez de desanimarme me animo a apoyarlo más? Pienso que es un poco porque es un soñador, como yo, como muchos de nosotros. Y además de soñador tiene algo que yo estoy buscando, es un soñador que no tiene miedo de serlo. Y pues como buena soñadora, me gusta pensar que los sueños se hacen realidad, y muchas veces he comprobado que así es cuando se cree en algo. Por qué sigo escribiendo este blog? También siento que soy yo la que esta allí dando a conocer sus ideas y buscando apoyo, que podría ser cualquiera de mis amigos, es como si lo conociera de hace rato. El problema es que creo que la última semana se me iba olvidando todo lo que aprendí en este mes, y empecé a sentir unas emociones así de pura fanática, siento el calor que me sube por las venas cuando leo los posts de los santistas... me da hasta risa pensar en todo lo que estoy haciendo por mi candidato.
Llegó el día de las elecciones, y salimos con mi papá en las bicicletas a votar. Cambiaron el lugar de votación y todo se veía terriblemente vulnerable y susceptible de fraude, tanto que mi papá decidió unirse al equipo de testigos electorales.
Estuve a punto de llorar mientras veía los boletines de la registraduría en el noticiero. No podía creer los resultados, era como si mi equipo, ese que había demostrado ser tan bueno, ese que había ganado la copa Libertadores, empezaba a perder todos los partidos.
Entrar al Facebook, y ver los mensajes de todos mis amigos, tristes y contrariados por los resultados de las votaciones, era muy desalentador para mi. Pero luego de ver el discurso de Antanas esa noche, pensé que definitivamente no es una causa perdida, que la minoría no somos tan pocos, y que definitivamente los resultados muestran efectivamente la inconformidad con la política tradicional.
Bueno, aunque el golpe fue duro, sigo en mi posición, e increíblemente mi activismo no ha menguado sino que por el contrario aumenta cada dia. Solo me queda dar el 100% en el proceso de no dejar involucrar mis emociones negativamente, y sencillamente aceptar lo que venga.... Pero eso si, soñando hasta el final!